martes, 24 de julio de 2012

Una crisis que lleva a otra crisis




“La humanidad nunca se verá libre de problemas hasta que los amantes de la sabiduría se hagan con el poder político, o hasta que los que ostentan el poder se hagan amantes de la sabiduría.” (Platón)



Estamos convencidos de que todo lo que estamos padeciendo es debido sólo a la crisis económica, sin darnos cuenta de que esta crisis es la consecuencia de una mucho más importante y grave: la del ser humano mismo. Nuestra comunicación e interrelación con el entorno social y físico están basadas en el deseo egoísta, el deseo de recibir para sí mismo; que, a fin de cuentas, es la esencia de nuestra naturaleza de la que no podemos escapar sin un tremendo esfuerzo. Y eso, porque el trabajo que hay que realizar pasa por el cambio de ese deseo individualista hacia la unidad de un deseo común en favor de toda la sociedad. O sea, juntarnos en un solo deseo en favor de todos, y no sólo de uno mismo o de unos pocos.  Y claro, eso es absolutamente ajeno a nuestro ego.

La tremenda codicia y falta de pudor para explotar al ser humano, ha llevado al planeta a su máxima degradación, a su peor crisis; y entre medio, a esta crisis ecónomica que no se resolverá nunca bajo los términos del “libre mercado”-o sea, ganar tanto dinero como se pueda a costa de los demás- , porque querer arreglar el problema sin movernos de la dimensión desde donde surge, es no arreglar nada. Cambiar gobiernos, dirigentes y conductores varios dentro del mismo juego socioeconómico no tiene ningún sentido si no cambia nuestra forma de relacionarnos con el fin de unirnos para una vida plena para todos.
La sabiduría que se necesita está al alcance de todos, es cuestión de hacerse en ella. Y rápido, porque me temo que estamos yendo a gran velocidad a un colapso que podríamos evitar si lo deseamos.

sábado, 30 de junio de 2012

una bella definición de lenguaje





"Si el lenguaje es la forma más perfecta de comunicación, la perfección del lenguaje no puede ser sino erótica e incluye a la muerte y al silencio: al fracaso del lenguaje...¿El fracaso? el silencio no es el fracaso, sino el acabamiento, la culminación del lenguaje"

                                                                         Octavio Paz 

jueves, 14 de junio de 2012

De dolor y separación


Nada es verdad sin su opuesto. Conozco el amor si conozco el odio, o lo dulce si conozco lo amargo o el placer si conozco el sufrimiento.

El dolor es lo que más conocemos y experimentamos sin llegar a saber, realmente, qué es el verdadero placer; porque, lo que llamamos y entendemos por placer, seguro que no es más que una caricatura de éste en nuestra estrecha realidad.

Culpamos de nuestro sufrimiento a todo lo que está fuera de nosotros, a todo y todos los que no están en adhesión con nostros. A todo lo que está separado de nosotros, es decir, separados de la naturaleza, separados de nosotros mismos, separados de Dios... Y yo me pregunto:

¿Quién nos separa de la naturaleza, quién nos separa del prójimo, quién nos separa del universo?

¿Quién nos separa del amor?

                           
             Una hermosa y desgarradora canción de Violeta

viernes, 25 de mayo de 2012

Jerusalén y el muro


Me gusta Jerusalén dorándose eternamente en su luz. Me gusta su atmósfera, sus antiguas calles y pasajes, sus tiendas, el estilo de sus viviendas, templos y edificaciones en general. Las vetustas puertas de la ciudad anuncian no sólo la entrada a una urbe llena de vida, ajetreo mundano y material rápido y ansioso como en cualquier otro punto del planeta, sino también el paso hacia un mundo secreto, sin tiempo y espacio al alcance de todo el que encuentre la clave.

La clave a un mundo superior.

Me gusta el Muro de los Lamentos cuya visión entrando desde la puerta de Iafo con el dorado y majestuoso Domo detrás, me sobrecoge y transporta a lo más recóndito de mi interior, de mi historia, de mis generaciones... Hablando en un plano espiritual, divide los deseos puros de los impuros, o sea, los egoístas de los altruistas.

Y es que me gusta también lo que se dice de Jerusalén.

La gente la ve como la capital espiritual del mundo y los cabalistas explican por qué. Dicen que la Jerusalén verdadera se siente en un corazón corregido. Hay dos Jerusalén, la Jerusalén superior (espiritual) y la inferior (material); y el hombre debe construir la Jerusalén espiritual, construir el 3º Templo donde debe morar con los atributos de dar después de vencido el deseo de recibir para si mismo. El camino es difícil, y se hace entre los errores, fracasos, luchas, odios y sufrimientos que hay que corregir para transformar nuestro deseo de recibir por el de otorgar y así llegar a integrarnos de tal manera que sea imposible no amar al prójimo como a nosotros mismos. Esa es la Santidad, ni más ni menos. Una forma de existencia que debemos alcanzar, no un estado de gracia para unos pocos privilegiados.
Dicen los cabalistas que todos los secretos se encuentran en el nombre de Jerusalén y a lo único que hay que temer es a la incapacidad de dar amor por lo que la única y mejor plegaria es la de pedir desde el corazón la fuerza que nos elevará del mundo egoísta en que vivimos al del altruismo y amor. Que la oración verdadera, frente al muro, que es la pantalla que nos separa del altruismo, es una sola, que “es donde el hombre pide unirse en un solo cuerpo, en un solo hombre, en un solo corazón, un gran corazón en el que se unirá toda la humanidad “(Michael Laitman).

Una Jerusalén que está dentro de cada uno de nosotros..

domingo, 15 de abril de 2012

Lo que debe ser dicho







El gobierno de Israel calificó de antisemita a Günther Grass y le prohibió la entrada al país por este poema con cuyo espíritu se está a favor mayoritariamente. Contiene una crítica fundamentada que el ministro del interior israelí rechaza y califica de ataque antisemita estrechando, me temo,  el cerco de odio alrededor del pueblo de Israel y de los judíos en general. No se puede  rechazar la verdad alegando antisemitismo ¿Hay que aplaudir también los errores para no pecar de antisemitismo? Esto me parecerìa sólo un juego demagógico y más bien pueril,  si no fuera porque perjudica mucho al pueblo judío y por ende, a todas las naciones.



Lo que debe ser dicho (Günther Grass)


Lo que debe ser dicho
Es el pretendido derecho al primer golpe, el cual debe borrar al pueblo iraní sometido y manejado como comparsa que celebra a un héroe bocón, porque en su ambiente se supone la construcción de una bomba atómica.
¿Pero por qué me prohíbo nombrar por su nombre a aquel otro país, en el cual desde hace años –aunque se mantenga en secreto- se dispone de un creciente potencial nuclear aunque sin control, porque no hay acceso a ninguna inspección?
El silencio general de ese hecho, al cual se ha subordinado mi silencio, lo siento como una mentira y una coacción agravatoria. Una sanción aparece como probable, tan pronto como él es ignorado; el veredicto “antisemitismo” es lo corriente.
Ahora, sin embargo, hablo, porque desde mi país, desde el cual crímenes propios, que son incomparables y que de vez en cuando son vueltos a traer y a pedir explicaciones, nuevamente y sólo por negocio, aunque con un discurso rápido es declarado como una reparación de daños, un nuevo submarino es enviado a Israel con la capacidad para guiar cabezales explosivos que todo lo exterminan, allí donde no se ha demostrado la existencia de ni una sola bomba atómica, pero donde el temor es tomado como demostración suficiente, digo yo, lo que debe ser dicho

¿Pero por qué callé todo este tiempo? Porque era de la opinión de que mi procedencia, que está marcada por una mácula que jamás se borrará, prohíbe atribuir ese hecho como una verdad al país Israel, al cual estoy y quiero permanecer unido.
Por qué digo recién ahora, ya viejo y con mi última tinta: La potencia atómica Israel hace peligrar la ya frágil paz mundial. Porque debe ser dicho, lo que mañana podría ser demasiado tarde; también porque nosotros – como alemanes suficientemente incriminados- podríamos ser proveedores de un crimen, que es previsible, con lo cual nuestra responsabilidad con ningún argumento se podría expiar.
Y aceptémoslo: no callo más, porque estoy harto de la hipocresía de occidente; fuera de eso es de esperar, que muchos salgan del silencio, y exijan al causante del peligro evidente a que renuncie a la violencia y que al mismo tiempo exijan, que se controle en forma permanente y sin obstáculos el potencial atómico israelí y las instalaciones atómicas iraníes por una instancia internacional y que esta sea permitida por los gobiernos de ambos países.
Solamente así, se puede ayudar a todos, a los israelíes y palestinos, más aún, a todos los seres humanos, que viven enemistados en esa región ocupada por la locura y finalmente también a nosotros.

viernes, 30 de marzo de 2012

La armonía de lo malo






“Patrón, ¿alguna vez vio un desastre más espléndido?”, le dijo Alexis Zorba a Basil en la película Zorba el Griego. En el libro dice:“Patrón, viste el derroche de chispas que se gastó el condenado?”. Todo esto, refiriéndose a una estructura de madera levantada para el traslado de material de una mina al río y que el día de su inauguración se fue al suelo aparatosamente. Lo de un espléndido desastre, es tan genial como la del tinglado echando sus mejores chispas en su destrozo. Ambas expresiones nos muestran la maravilla de la catástrofe.

Y viendo nuevamente el video de la danza de Zorba que descargué de youtube ( supongo que no será una infracción), a raíz de todo lo que estamos viviendo últimamente en el planeta, que cada vez da menos opciones de esperanza, confianza y alegría, me di cuenta de que el mal también se maneja como el bien, con las mismas necesarias leyes para subsistir. Y la básica es la del equilibrio. Toda la maldad, todo el mal existente en la sociedad, ha ido creando en su esfuerzo el estatus armónico perfecto que nos envuelve.

En nuestra realidad lineal nos regimos por la ley de causa y efecto y todo el mal se va dando perfectamente según esa ley haciéndose absolutamente armónico en su avance y extensión. Y nos está “comiendo”, nos vamos adaptando al mal, vamos bailando a su compás, sometidos en una danza triste de corderos hacia un matadero, o al menos, a los palos que nos tienen que venir, porque vivimos siempre esperando golpes; ya no bailamos como antes -como Zorba- para celebrar, para demostrar nuestra alegría, ahora bailamos o escuchamos música para desahogar penas y angustias, para escapar de una realidad armónica de pesares o como mínimo de permanentes luchas para tener cosas que ni siquiera nos hacen felices... sólo nos hacen acorde al sistema pensando que eso nos llevará a la armonía. Pero no sucede, fijo que no sucede.

Todo el mal es absolutamente eficaz porque actúa con equilibrio, actúa dentro de la ley de causa y efecto con total rigurosidad: Un joven homosexual es salvajemente torturado y asesinado por psicópatas en la más absoluta soledad y desamparo del amor y la solidaridad que le debe su sociedad.
Niños y jóvenes abusados y violados por cualquier criminal del sector que venga: iglesias, clases bajas, medias o altas. Lo mismo, en soledad y abandono, sólo con la compañía y el perfecto funcionamiento de una maldad profunda.
Los trabajadores que durante años entregan su vida por pésimos salarios y malos tratos a empresarios codiciosos cuyo ego les quita la sensibilidad y conciencia con el prójimo. La perfección total en la explotación del hombre por el hombre.
Los gobiernos que masacran grupos humanos sin ningún reparo para hacerse con un poder omnímodo para someter a las personas. Una danza macabra bien dirigida. 
Y hasta en los asuntos más pequeños, la armonía de lo malo está a sus anchas: en la vida cotidiana, en la calle, en el trabajo, en la compra, en la playa, en el cine, en el bus y hasta en los hogares,  siempre dispuestos a agredir, a linchar, a odiar. Antes de un par de generaciones ¿estará el ser humano matándose uno al otro?
Y es terrible decir: ¿Y qué puedo hacer? Es terrible, porque eso es como decir: bueno, espero pasar piola, con el mìnimo sufrimiento. O sea, con el egoísmo al máximo. Actitud que se ajusta plenamente al mantenimiento de la armonía de lo malo que vivimos.



Entonces, emulando a Zorba, ante nuestra crisis humana pregunto:



¿había visto alguien un desastre más espléndido?









miércoles, 7 de marzo de 2012

El ¿desarrollo? del hombre...




             “El amor a la libertad es el amor a los demás;
              el amor al poder es el amor a nosotros mismos”
                           (William Hazlitt / 1778-1830)

               


Ningún avance del hombre, ni científico, ni social, ni artístico, ni político ni económico ha sido llevado por el deseo del bienestar integral de los seres humanos como un todo preponderante. En ningún logro del hombre existe el empeño por la felicidad de cada uno y todos los habitantes del planeta como base para su obtención. Se busca el remedio a la enfermedad, no cómo ser sanos, se busca cómo entretenernos, como hacernos las cosas más fáciles, como obtener fortuna y gloria, como dominar los unos a los otros; pero no se busca saber quienes somos y para qué vivimos como punto de partida para descubrir la fórmula de esa felicidad que nos debemos otorgar entre todos. Y claro, eso sería contra natura, porque el inexorable y fatal deseo -que sí es nuestra naturaleza- por el beneficio personal, nos domina, incluidos quienes inventaron las vacunas contra las enfermedades o entregan millones en la Teletón. Está muy bien, es positivo a nivel social general, pero no está ni cerca de la condición altruista de amor al prójimo que eliminaría nuestros deseos egoístas para guiarnos al bienestar y armonía en el que debemos existir.

Se suponía que el ser humano, se iba desarrollando para mejor. Que gracias a eso se lograría una sociedad óptima. Y asistimos maravillados a lo largo de la historia a ese desarrollo enorme que abarca innumerables rubros y espacios, incluso fuera del planeta e, incluso, aquellos que no le corresponden en la Naturaleza. Todo, según se decía y se dice incansablemente, en bien de la igualdad, la justicia y la libertad. Slogan que se sigue usando hoy día para invadir países y adueñarse de sus riquezas. Slogan que ya suena a chiste.

Y es que hay algo en el hombre que el desarrollo no sólo no ha tocado, sino que lo ha atrofiado: su corazón... que no escucha, no ve, no ama al otro, no siente el sufrimiento, las injusticias, la pobreza, las depresiones, los suicidios, el desamparo social y humano, el alcoholismo, la droga, la delincuencia, las enfermedades, la sociopatía, el odio, la tortura, las guerras, las crisis económicas, los abusos, la explotación;  y suma y sigue una lista de miseria humana infinita que a medida que “avanzamos” es mayor en cantidad y calidad porque el único amor que se ha desarrollado es el amor al poder.

lunes, 13 de febrero de 2012

Una búsqueda











Hacer un hueco dentro del conocimiento
un vacío en su ensordecedor ruido
poder escuchar el silencio y en él
desnuda y sin entrañas dolientes
dejar a esa luz escondida
que me abrace y me colme.


 Mariana Thamar

viernes, 3 de febrero de 2012

Sobre el deseo, Schopenhauer, Laitman y mi esperanza de deseo...





No hay ninguna duda. Somos voluntad o deseo. Cada ser en este mundo físico nuestro se mueve por el deseo o voluntad; una montaña, una planta, un perro, un ser humano. Todos expresándolo de diferentes maneras, pero usado por igual como herramienta básica para la existencia.

Schopenhauer en su libro “El mundo como voluntad y representación”, publicado en 1819, con gran pesimismo expone esta condición que dirige la vida en el planeta. No le vio razón alguna a este deseo egoico del ser humano que lo imposibilita para su realización, por lo que expuso que el mundo está destinado a una existencia de sufrimiento y dolor sin sentido. La vida, decía, oscila entre el dolor y el hastío. Nada es más cierto; y en su época fue suficiente para marginarlo y postergarlo “para los restos”. En esta época, no se le ha puesto en el sitial que le corresponde tampoco y no sé si es por ignorancia o porque no interesa el debate a fondo de esa gran verdad.

La cabalá también dice lo mismo: Somos deseo; toda la sustancia de la creación es un deseo de recibir”. Y cito del cabalista Michael Laitman: La forma en que se desenvuelven nuestros deseos define y determina toda la historia de la Humanidad.

Una historia que nos deja claro el poder del deseo.

Pero a diferencia de Schopenhauer, los cabalistas nos indican que no tenemos como únicas opciones el sufrimiento o la huída del mundo. Nos dicen que existe otro deseo opuesto al egoico deseo de recibir para beneficio propio: el deseo de otorgar y que debemos intentar alcanzar para salir de esta existencia sufrida en que estamos metidos.

Ni siquiera podemos imaginar ese deseo de otorgar a pesar de lo muy altruistas que nos sintamos mayoritariamente. Pero eso no es real, sólo nos movemos por el deseo de recibir para nosotros mismos, por nada ni para nada más. Jamás hemos tenido un deseo en nuestras vidas en que seamos felices porque el otro lo está siendo. Nunca nos hace feliz sólo el placer de los demás. Lo más parecido a ese deseo altruista es el de la madre cuando cría y es feliz y está tranquila cuando su bebé es feliz y está tranquilo.

La crisis que vive la humanidad nos debería hacer ponernos de cabeza a buscar en nosotros, urgentemente, ese deseo de otorgar. Desde hace décadas estamos viendo que el mundo tiene que cambiar porque vamos derecho a una hecatombe, de hecho, ya la estamos sintiendo a flor de piel. Entre todo el jolgorio consumista y el lema de “¡a vivir que son 3 días!” y métale trago, droga y escapes varios, la economía, que es donde hemos puesto toda la razón de nuestra existencia, se va a pique a pesar de los parches y entuertos de los gobiernos y organismos financieros.

Por ahí nos dicen: Cada uno de nosotros debemos cambiar. Y nos quedamos pasmados pensando: ¿Yo? ¿Cambiar? ¿Cómo? Bueno, así, intentando cambiar nuestro deseo natural de recibir para nosotros en el increíble deseo altruista de desear solo para el otro. Y descubrir en ello que cuando el otro, mi otro, tu otro, nuestros otros, son felices; por ende, yo también lo soy. Difícil, pero no imposible. Nuestra felicidad, ni más ni menos es lo que está en juego.

Se trata, entonces, de usar ese gran poder que es el deseo.












lunes, 16 de enero de 2012

Buscando respuestas







La verdad es que no estamos siendo nada felices en este ancho y ajeno mundo - al decir del escritor peruano, Ciro Alegría- y no importa que vivamos en y con lo propio: nuestra casa, nuestra ropa, nuestra comida, nuestro auto, nuestro internet, nuestro celular, nuestro seguro de salud... cada día nos vamos sintiendo menos parte del mundo para pasar a estar más presos del sistema y no parte de él y a nuestras anchas. Se nos marca el tiempo, el espacio, el camino, las necesidades, los objetivos; y todos, casi sin excepción, lo dejamos ser y hacer hasta el punto de que nuestro entorno, o sea, todo el sistema; afecta a nuestras vidas y destino mucho más todavía que nuestra carga genética con su maravillosa gama de posibilidades humanas, pero que con la fuerza que el poder maneja a la sociedad mundial quedan absolutamente controladas por su discurso y acciones absolutamente impositivas y lo peor: abusivas.
Un sistema que no sólo nos separa sino nos hace enemigos unos de otros en una lucha de egos insoportable, incluso entre padres e hijos. Ya los padres no pueden educar a sus hijos; no saben siquiera cómo actuar frente a ellos ante su conversión agresiva en ávidos consumidores de placeres no solamente absurdos y efímeros, sino también destructivos, observables claramente a través de sus profundas depresiones que los llevan a un consumo tempranísimo de alcohol y drogas: armas suicidas, porque los jóvenes no desconocen su peligro. Demasiados niños llevados, como dice la canción de Brel: a “envejecer antes de crecer.”
La mayoría de los niños no son más que el reflejo de unos padres formados dentro de los parámetros consumistas que nos están marcando salvajemente desde hace generaciones. Y otros, cuyos padres, han conseguido sobrevivir al sistema con mejores valores, no son lo suficientemente fuertes ante esa red virtual y real que atrapa a los jóvenes como una fea tela de araña.
Urge, entonces, que despertemos, que cambiemos los principios que nos mueven y mejoremos las relaciones entre nosotros, y también entre nosotros y la naturaleza. Empezar a aprender a conocernos, a insistir en la búsqueda de esas  respuestas que desde miles de años esperamos pero que todo, la ciencia, las religiones, la filosofía, la política, hasta el momento no nos las han dado. Conocer nuestras necesidades de manera integral, que no nos las inventen para que algunos tengan dinero y poder y nosotros, a fin de cuentas, un enorme vacío. Claro: desconozco lo que necesito porque desconozco lo que soy.
Saber quienes somos y por qué vivimos son las preguntas base; y en alguna parte de nuestro ser tenemos la certeza de que esas respuestas están ocultas dentro esperando a que las encontremos.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

La realidad



   

 



Todos andaban por la calle sabiendo adónde iban. Todos seguros de su destino, sin ninguna duda. Todos, salvo yo. Y en medio de tanto trayecto resuelto, supe que era la única que sabía dónde no estaba.

lunes, 28 de noviembre de 2011

La verdad sobre la crisis mundial

Pensamos que las crisis financiera, climática, de alimentación; los problemas de pobreza, delincuencia, droga; son fenómenos que no dependen en absoluto de nosotros, ciudadanos de a pié; por lo que jamás nos planteamos un cambio de actitud, nunca se nos ocurre averiguar qué podemos hacer cada uno de nosotros, cómo cambiar nuestros principios de interrelación, nuestros principios humanos en general. Nunca nos planteamos por qué vivimos en este individualismo tan exacerbado cuando toda la naturaleza, todo lo que nos rodea nos está mostrando que estamos bien cuando nos preocupamos de que el otro esté bien. Todo conectado armónicamente para funcionar en pleno bienestar... Hay que empezar a preguntarnos y resolver, si no queremos más sufrimiento y destrucción en el planeta.





(Video del Centro de Cabalá Bnei Baruj)

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Nostalgias de mi "Pancho"



VALPARAISO es mi niñez de grandes ojos llenos de colores, de viento, de mar, de libros de cuentos, de brincos en las camas, de coscachos de mi mamá, de risas, de cumpleaños con gorritos, de paquitos librados, de compras en la feria, de fotos en el parque, de "chanchas" calle abajo, de pitos de carabineros, de gritos de gooool en Playa Ancha, de largas escaleras entre cerros, de ¡chupa la camota! y de calugas chiclosas.

                              
                                               

VALPARAISO es mi adolescencia ruborosa y llena de exigencias, de ojos entornados y sonrisas coquetas en las matinés, de paseos en la plaza, de repasos a última hora para el examen, de compras con mi mamá, de partidos de vóleibol, de anotaciones de conducta, de retos de profes curtidas, de timbres para el recreo, de los tangos de mi padre por la casa y de ascensores que miran al mar.




VALPARAISO es la ciudad de mis secretos, la de mis llantos escondidos, la que me vio amar, la que me vio parir y criar a mis hijas y la que me llevé en el alma al extranjero cuando la hirió la dictadura.

VALPARAISO es la ciudad amada que espera con su amor eterno a los hijos que se van y que nunca, como yo, la olvidan.



martes, 8 de noviembre de 2011

De la muerte y también la vida...







Escuché hace unos días por internet, un programa español que hablaba sobre el tema de la muerte. Las preguntas básicas eran ¿por qué morimos? ¿lograremos algún día vencer a la muerte? Se habló de un sin número de experimentos increíbles; partiendo de la resucitación de un hombre hacia finales del siglo XIX . El Frankestein de Mary Shelley, por lo visto, estaría inspirado en experimentos que por la época se hacían usando la electricidad para revivir cuerpos inertes. Todo, por vencer a la muerte.
Pero ni las narraciones de experimentos obsesivos de algunos por detener la muerte -o al menos alargar la vida- ni los escarceos filosóficos y ético-religiosos sobre el por qué de la muerte y del poder para combatirla, me llamaron la atención en tal programa, sino esa pregunta: ¿por qué morimos?

Y me dije: ¿Cómo podemos preguntarnos por qué morimos sin preguntarnos antes por qué vivimos? Creo firmemente que si nos dedicamos a averiguar por qué vivimos, sabremos, entonces, por qué morimos. Pero, descubrir el significado de la vida no ha sido nunca la búsqueda fundamental y constante de la humanidad para la plena existencia entre los seres humanos. Toda búsqueda del origen y propósito de la vida se ha dispersado a lo largo de la historia en teorías filosóficas, religiosas y científicas, pero sin jamás hacer de esta la razón esencial para conocernos, para conocer la verdadera imagen de la realidad en la que vivimos.

Para no sufrir.

Democráticamente se ha dejado en el: cada uno con sus creencias.

¿Nos creó un señor benevolente de barba blanca sentado en una nube? ¿Salimos de un Big Bang desde la nada? ¿Salimos del mono? Y si es así ¿Quién hizo al mono? ¿Somos un experimento de extraterrestres? ¿Hay una inteligencia actuante?

¿Para qué vivimos? Creo, que sin darnos cuenta, mayoritariamente, vivimos con esa pregunta que, siendo muda, nos grita desde muy dentro nuestro, pero la estrecha realidad que nos hemos creado, de trabajar, consumir y creer que vivimos, nos impide atenderla, por lo que nos centramos en nuestro egoísmo aliado en esta complicada jungla y seguimos sin poder explicarnos TODO, porque no buscamos como deberíamos la respuesta a nuestro origen y su por qué.



Dice el cabalista Yehuda Ashlag en su Introducción al Talmud Eser Sefirot:

“Si escuchas con tu corazón una famosa interrogante, estoy seguro que todas tus dudas sobre si debes estudiar Cabalá desaparecerán sin dejar rastro. Esta pregunta amarga y justa la hacen todos los que nacen en esta tierra: ¿Cuál es el propósito de mi vida?”


Y en eso estoy, pues...
















domingo, 23 de octubre de 2011

Democracia a punta de odio





Moamar Gadafi está en el suelo, aparentemente malherido, la turba de hombres armados lo mueve para un lado y otro gritando alborotados... no se ve claro qué están haciendo con él, que, al paso de las imágenes, se va captando que está muerto. En realidad, lo único claro es el odio que controla el afán de venganza del grupo. Matarlo, revolcarlo, maldecirlo... lincharlo. Hay que matar a esta rata que nos trató como a ratas. Los que lo mataron son hombres llenos de un odio gestado durante los años de la dictadura de Gadafi por ser contrarios a su gobierno. En los países islámicos, me temo, que la democracia no es algo que vaya con su cultura. Y en todo caso, ¿cómo podría establecer una democracia un grupo capaz de agredir con ese ensañamiento a un ser humano? El que Gadafi fuera un dictador déspota no justifica su cruel asesinato. ¿Qué se ganó? Cambiar un agresor por otro, me temo.


El avasallamiento, el abandono, la injusticia, la frustración, de los gobiernos, todos manejados por grupos financieros, van sembrando en el alma de los seres humanos un odio inmenso que no sólo late en pueblos islámicos, sino que en todo el mundo. Se vive en la rancia Europa (no hace mucho un muchacho, en Noruega, en su día de ira asesinó a 70 y tantas personas), en USA, en América Latina. En Chile, estamos siendo testigos diariamente de la violencia tanto del gobierno como de los pobladores, en general, cabreados del abuso permanente de empresas e instituciones varias, de la impotencia para resolver cuestiones elementales para una vida digna, de la carestía, etc... frustración tras frustración que los hace a muchísimos candidatos de primera fila para el linchamiento a quién corresponda. Y si el odio es capaz de llevar a alguien a linchar despiadadamente a una persona o grupo, la democracia está en serio peligro y da miedo pensar en qué situación entraríamos.


Mientras tanto, el odio está siendo capitalizado por USA y sus aliados para sus propios intereses. En Libia, "preocupados por el futuro del pueblo libio", ayudaron a la liquidación de un dictador, aquí en Chile, hace un tiempo atrás, nos lo instalaron a sangre y fuego.

domingo, 9 de octubre de 2011

La falsa revolución contra Gadafi - Entrevista a la corresponsal uruguaya Isabel Pisano


Sólo se informa lo que USA quiere que se sepa:

Parte 1


                                               


Parte 2

                                                

domingo, 11 de septiembre de 2011

De hipnosis, traumas y suicidios



Diego no podía haber hecho más de lo que hizo: suicidarse antes de cumplir 20 años.
Quien nace desajustado, tomando nota mientras crece de todo lo que no encaja en sus expectativas de una vida de placer infinito (le habría fascinado la Cabalá), no puede derrochar tiempo en el dolor y el espanto. Tampoco hay fortaleza para un ejercicio mayor en estos temas. No pudo haberla para Diego cuando su insistente lucidez le dijo que no hay nada qué hacer. Que ese deseo egoísta conque los seres humanos construimos nuestra realidad -esa estúpida holografía creada a punta de transgresiones a todo lo inanimado, vegetal, animado y hablante- no tienes forma de cambiarlo. La única solución para él, en ese momento, habría sido la hipnosis total y permanente; ese estado tan extendido por el planeta que permite a la mayoría de la sociedad levantarse todos los días a perseguir -como los burros- la zanahoria del futuro mejor. Una mejoría imposible, dadas las circunstancias, para esta aberrante realidad en la que nos movemos. Quien no lo vea así, vive hipnotizado, y ni esto, ni la resistencia al dolor, ni el suicidio, cambian las vesánicas bases de esta sociedad.
No podemos seguir dormidos, ni hacer del dolor y la frustración una forma de vida y menos suicidarnos en masa. Lo que urge es cambiar toda esta realidad imaginada y creada ficticiamente desde el brutal egoísmo que hemos demostrado ser capaces de poseer. Y ninguna táctica desesperada por resolver la crisis económica que va cayendo como una loza sobre este orgía de producción y consumismo innecesario, va a cambiar nuestra realidad. Es más, lo que hace, precisamente inevitable este crack es la verdadera crisis de fondo: la del ser humano frente a la naturaleza. Su propia naturaleza. Por lo tanto, la solución tiene que venir de nosotros mismos, desde dentro de cada uno de nosotros.

No hay más opción que empezar a practicar amar al prójimo como a uno mismo. No puede ser que por nuestra incapacidad de sentir este precepto es que unos viven hipnotizados, otros traumatizados por el dolor y otros se suicidan, como mi hermano Diego.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Ah, el amor...






Sin mi amor por tí, la vida sería una trampa

                                                 (Enrique)

miércoles, 24 de agosto de 2011

Un cambio de verdad

  
Nos estamos dando cuenta de que desde el mismo escenario y visión del que esta crisis que vivimos fue creada: la política, no está habiendo soluciones. Y todo está conectado a la política, que a su vez, sólo obedece a los grandes grupos económicos cuya ilimitada avidez de poder deteriora el cuerpo y el alma de la sociedad que ya no puede seguir soportando el peso de la desventaja de este sistema salvaje de libre mercado. Por todo el mundo, la gente está saliendo a protestar a las calles, unos de manera pacífica y otros muy violentamente; pero todos, indistintamente, sin más bandera que la del cabreo. Y me temo, que eso es todo. Exigiendo mejoras, exigiendo cambios haciendo llamados a la autoridad correspondiente. Pero hay algo que no estamos atendiendo, y es que a la vista de la situación general, el principal llamado es a nuestra propia responsabilidad en esta crisis irreparable en la que estamos envueltos todos. Y ese llamado es urgente.
Ya está claro que, a lo largo de la historia, ni la religión, ni la filosofía, ni la política, ni la ciencia han dado las soluciones para hacer del planeta y del ser humano -ya no digamos una totalidad armónica de existencia- un mundo de mínimo bienestar dentro de principios humanos básicos. Y ya no lo harán, está a a la vista  que sus líderes perdieron rumbo y visibilidad. Entonces, no es sólo a ellos a quienes tenemos que emplazar a que nos resuelvan la vida, sino que también tenemos que dirigirnos a nosotros mismos. El cambio debe partir desde cada uno de nosotros, empezando por preocuparnos más los unos de los otros. Parece ñoño, ingenuo; pero es tremendamente real y básico; eso es lo único que no hemos hecho nunca y sin embargo, es lo único que funciona. Yo existo porque tú existes. Yo estoy bien si tú estás bien. Intentar romper los moldes, las caretas, los miedos, y buscar en nosotros mismos el respeto, la consideración, la justicia... el amor que nos hará definitavemente una sociedad mejor. Eso es un real motivo para unirnos y planificar. Acordar salir a la calle a protestar, a gritar nuestras frustraciones, a rogar demandas a egos inconscientes que devuelven entre palabras necias, desprecio y demagogia, no cambia nada, sólo nos vamos en acciones y reacciones, nunca una respuesta que conduzca al cambio esperado. Y más allá de la valentía y razones que se pueda tener para enfrentar a un gobierno, importa más un verdadero cambio desde dentro, tanto desde el grupo en general como de cada uno en particular.
Por lo que urge ese cambio desde nosotros mismos. Con éste, el cambio político, económico y humano en general, estará servido. Lo otro, lo que hemos venido haciendo desde siempre, no es más que una destructiva batalla de egos.